domingo, 2 de octubre de 2011

walter benjamin, el narrador II

de walter benjamin, el narrador:

es preciso pensar la transformación de las formas épicas, como consumada en ritmos comparables a los de los cambios que, en el transcurso de cientos de milenios, sufrió la superficie de la tierra. es difícil que las formas de comunicación humanas se hayan elaborado con mayor lentitud, y que con mayor lentitud se hayan perdido.

la novela, cuyos inicios se remontan a la antigüedad, requirió cientos de años, hasta toparse, en la incipiente burguesía, con los elementos que le sirvieron para florecer. apenas sobrevenidos estos elementos, la narración comenzó, lentamente, a retraerse a lo arcaico; se apropió, en más de un sentido, del nuevo contenido, pero sin llegar a estar realmente determinado por éste. por otra parte, nos percatamos que, con el consolidado dominio de la burguesía, que cuenta con la prensa como uno de los principales instrumentos del capitalismo avanzado, hace su aparición una forma de comunicación que, por antigua que sea, jamás incidió de forma determinante sobre la forma épica. pero ahora sí lo hace. y se hace patente que sin ser menos ajena a la narración que la novela, se le enfrenta de manera mucho más amenazadora, hasta llevarla a una crisis. esta nueva forma de la comunicación es la información.

villemessant, el fundador de le figaro, caracterizó la naturaleza de la información con una fórmula célebre. «a mis lectores», solía decir, «el incendio en un techo en el quartier latin les es más importante que una revolución en madrid». de golpe queda claro que, ya no la noticia que proviene de lejos, sino la información que sirve de soporte a lo más próximo, cuenta con la preferencia de la audiencia. pero la noticia proveniente de lejos —sea la espacial de países lejanos, o la temporal de la tradición— disponía de una autoridad que le concedía vigencia, aun en aquellos casos en que no se la sometía a control.

la información, empero, reivindica una pronta verificabilidad. eso es lo primero que constituye su «inteligibilidad de suyo». a menudo no es más exacta que las noticias de siglos anteriores. pero, mientras que éstas recurrían de buen grado a los prodigios, es imprescindible que la información suene plausible. por ello es irreconciliable con la narración.

la escasez en que ha caído el arte de narrar se explica por el papel decisivo jugado por la difusión de la información. cada mañana nos instruye sobre las novedades del orbe. a pesar de ello somos pobres en historias memorables. esto se debe a que ya no nos alcanza acontecimiento alguno que no esté cargado de explicaciones. con otras palabras: casi nada de lo que acontece beneficia a la narración, y casi todo a la información. es que la mitad del arte de narrar radica precisamente, en referir una historia libre de explicaciones. ahí lesskow es un maestro (piénsese en piezas como el engaño o el águila blanca). lo extraordinario, lo prodigioso, están contados con la mayor precisión, sin imponerle al lector el contexto psicológico de lo ocurrido. es libre de arreglárselas con el tema según su propio entendimiento, y con ello la narración alcanza una amplitud de vibración de que carece la información.

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