sábado, 1 de octubre de 2011

walter benjamin, el narrador I

walter benjamin, el narrador:

el narrador  -por muy familiar que nos parezca el nombre-  no se nos presenta en toda su
incidencia viva. es algo que de entrada está alejado de nosotros y que continúa a
alejarse aún más. presentar a un lesskow como narrador, no significa acercarlo a
nosotros. más bien implica acrecentar la distancia respecto a él. considerado desde una
cierta lejanía, riman los rasgos gruesos y simples que conforman al narrador. mejor
dicho, estos rasgos se hacen aparentes en él, de la misma manera en que en una roca, la
figura de una cabeza humana o de un cuerpo de animal, se revelarían a un espectador, a
condición de estar a una distancia correcta y encontrar el ángulo visual adecuado. dicha
distancia y ángulo visual están prescritos por una experiencia a la que casi
cotidianamente tenemos posibilidad de acceder.

es la misma experiencia que nos dice que el arte de la narración está tocando a su fin. es cada vez más raro encontrar a alguien capaz de narrar algo con probidad. con creciente frecuencia se asiste al embarazo extendiéndose por la tertulia cuando se deja oír el deseo de escuchar una historia. diríase que una facultad que nos pareciera inalienable, la más segura entre las seguras, nos está siendo retirada: la facultad de intercambiar experiencias.

una causa de este fenómeno es inmediatamente aparente: la cotización de la experiencia ha caído y parece seguir cayendo libremente al vacío. basta echar una mirada a un periódico para corroborar que ha alcanzado una nueva baja, que tanto la imagen del mundo exterior como la del ético, sufrieron, de la noche a la mañana, transformaciones que jamás se hubieran considerado posibles. con la guerra mundial comenzó a hacerse evidente un proceso que aún no se ha detenido. ¿no se notó acaso que la gente volvía enmudecida del campo de batalla? en lugar de retornar más ricos en experiencias comunicables, volvían empobrecidos. todo aquello que diez años más tarde se vertió en una marea de libros de guerra, nada tenía que ver con experiencias que se transmiten de boca en boca. y eso no era sorprendente, pues jamás las experiencias resultantes de la refutación de mentiras fundamentales, significaron un castigo tan severo como el infligido a la estratégica por la guerra de trincheras, a la económica por la inflación, a la corporal por la batalla material, a 1a ética por los detentadores del poder.

una generación que todavía había ido a la escuela en tranvía tirado por caballos, se encontró
súbitamente a la intemperie, en un paisaje en que nada había quedado incambiado a
excepción de las nubes. entre ellas, rodeado por un campo de fuerza de corrientes
devastadoras y explosiones, se encontraba el minúsculo y quebradizo cuerpo humano.

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