sábado, 29 de octubre de 2011

pineland (sobre el simulacro)

de roger bartra, territorios del terror y la otredad:

desde mediados del siglo XX, los militares de estados unidos han realizado un simulacro ritual, cuatro veces al año, en los extensos territorios de fort bragg, en carolina del norte. el simulacro consiste en que han inventado un país llamado pineland donde durante diecinueve días un grupo selecto de soldados se entrena en la lucha, apoyando a un grupo de rebeldes nativos, contra un gobierno represivo y tiránico. el juego se practica en una zona boscosa y en una extensa área poblada que abarca diez condados rurales y suele solicitar la actuación de civiles y fuerzas de la policía local para dar realismo a los combates. los militares actúan vestidos de civil con armas reales, pero con munición de salva.

el sábado 23 de febrero del año 2002 un par de soldados que se entrenaban en pineland circulaban en un camión conducido por un civil que actuaba como colaborador nativo. transitaban por una carretera del condado de moore, cerca del pueblo de robbins. a esa misma hora, hacia las dos y media de la tarde, un sheriff del condado vigilaba la carretera. nadie le había advertido que se hallaba en el mítico país de pineland, creado por los militares. vio pasar un vehículo sospechoso y lo detuvo para investigarlo. los soldados vestidos de civil estaban convencidos de que era un reto que formaba parte del simulacro.

ellos debían mostrar sus habilidades tácticas y capacidad de supervivencia. en lugar de identificarse, se defendieron e intentaron sacar sus armas de la mochila, creyendo que el oficial era un actor en pineland. el sheriff, nervioso y más rápido que ellos, les disparó. uno de ellos murió y el otro quedó gravemente herido.

el portavoz de fort bragg declaró después que había habido un malentendido y falta de comunicación, y que el uso de atuendos civiles se había usado siempre en ejercicios diseñados para probar las habilidades en el trato con la gente, así como para entrenarlos en ética, capacidad de juicio y agilidad en la toma de decisiones en ese país ficticio que es pineland.

¿ficticio? es posible que este universo paralelo sea inventado, pero lo que allí sucede no ha escapado a la mirada escrutadora de los antropólogos. una antropóloga que vive en la región, catherine lutz, se dio cuenta del profundo significado de lo que ocurre en ese país exótico e imaginario, y escribió al respecto un artículo iluminador en el new york times. La profesora de la universidad de carolina del norte, que ha estudiado durante años la cultura militar de fort bragg, señala que detrás de pineland descubrimos otras historias sobre lo que han hecho realmente los militares de estados unidos en guatemala, el salvador o vietnam al apoyar a gobiernos corruptos y dictatoriales.

ella relata que cuando visitó el pueblo de robbins, donde ocurrió el incidente con el sheriff, para conversar con la gente sobre el suceso, se topó con un hombre que tenía al frente de su taller de reparación de autos dos enormes banderas decimonónicas del ejército de los estados esclavistas confederados, al lado de un cartel que anunciaba agresivamente: “this is not mexico.” los trabajadores latinos son así advertidos de que allí no es méxico, y no se les aclara que están en ese país imaginario donde los soldados yanquis encuentran un pueblo amigo que les ayuda a derrocar un gobierno maligno. pero los sheriffs del gobierno, como en las buenas películas del oeste, desenfundan rápido su pistola, eliminan a los extraños forajidos y nos devuelven a la realidad.

¿a la realidad? eso que llamamos nuestra realidad política contemporánea no se puede comprender sin tomar en cuenta las extensas redes imaginarias del poder. estas redes permiten explicar las nuevas formas que alimentan y reproducen la legitimidad de los estados posmodernos, como complemento cada vez más indispensable de los tradicionales mecanismos de representación democrática.

[...]

estas redes imaginarias generan constantemente los mitos polares de la normalidad y la marginalidad, de la identidad y la otredad, y cristalizan en simulacros estrechamente ligados a los procesos de dislocación crítica típicos de las sociedades posmodernas. he contado el incidente en el país ficticio de pineland porque en forma sintética permite dibujar una imagen de las funciones legitimadoras de las redes imaginarias. se trata de un proceso de estimulación y creación de franjas marginales de terroristas, sectas religiosas, enfermos mentales, desclasados, indígenas, déspotas musulmanes, guerrilleros, emigrantes ilegales exóticos, mafias de narcotraficantes y toda clase de seres anormales y liminales que amenazan con su presencia –real e imaginaria– la estabilidad de la cultura política hegemónica. en este escenario lleno de peligrosos enemigos, los superhéroes de la normalidad democrática occidental y los representantes de la mayoría silenciosa deben prepararse para combatir al mal: se trata de batallas con un alto contenido imaginario y alegórico, pero no son inexistentes o irreales.

es curioso y sintomático que un vocero de fort bragg declarase orgulloso que soldados que regresaban de la guerra en afganistán habían afirmado que su tarea allá había sido “una imagen en espejo” de la que habían entrenado en pineland. aparentemente los militares veían los combates en el país real como “imágenes” de lo que habían experimentado en el país ficticio.

[...]

el hecho es que con el nuevo siglo se han ampliado espectacularmente lo que podría llamarse las redes imaginarias del terror político, y resulta innegable que ello forma parte de un profundo cambio en la organización del poder a escala planetaria. evidentemente, la expansión internacional de las redes informáticas ha magnificado el proceso. la dimensión imaginaria radica en la construcción de un escenario omnipresente donde se enfrentan, por un lado, la civilización occidental democrática avanzada y, por otro lado, un amplio imperio maligno de otredades amenazantes, primitivas y fanáticas. la reducción de la complejidad política a este esquema binario es sin duda escalofriante, pero inmensamente eficaz para estimular formas renovadas de legitimidad y cohesión. y, no obstante, se trata de un simulacro donde la cultura y la política tienen un papel fundamental. 

el espectáculo ha vuelto a colocar en el centro de nuestra atención el problema del carácter de la cultura occidental y su relación conflictiva con la periferia de alteridades. [...] me parece que si deseamos comprender las formas que vinculan la cultura y la política en las sociedades actuales más desarrolladas, nos será útil, por decirlo así, abrir la caja negra que envuelve las estructuras de mediación para observar el fino tejido de redes imaginarias y simbólicas.

si queremos una metáfora más ligada a la tragicomedia contemporánea, podríamos decir que las cajas negras de los aviones que fueron estrellados contra las torres gemelas en nueva york y el pentágono en washington contienen claves, no para descubrir conspiradores, sino para desentrañar la manera en que se tejen hoy en día, a escala global, las redes imaginarias del terror político. tal vez todo comenzó de una manera muy sencilla. ya san agustín había dicho hace mucho tiempo que los herejes se dan para que cuestionen y provoquen disputas, y así se formulen las definiciones necesarias para organizar la fe. los herejes han acabado por formar parte de amplias franjas de marginalidad hiperactiva que funcionan de manera muy complicada y que están dotadas de esa gran plasticidad que les permite adaptarse a muy diversos hábitats sociales.


hace un siglo los antropólogos se dedicaban al estudio de los salvajes y los primitivos que vivían en tierras remotas colonizadas y sometidas al dominio de los imperios. hoy debemos estudiar herejes, anormales, lunáticos, narcotraficantes, guerrilleros y bandas rebeldes que operan a nuestro lado y son nuestros vecinos. tan reales y al mismo tiempo tan imaginarios fueron aquellos indios y bosquimanos como hoy lo son nuestros marginales y nuestros terroristas.

[...]

es importante que hagamos de la ironía un método de investigación. acorde con ello, quiero regresar a ese peculiar ejemplo de red imaginaria que es el mundo inventado por los militares en estados unidos. apenas tres semanas después del incidente del sheriff que disparó contra dos soldados, el presidente george bush visitó el lugar, como parte de su campaña por lograr que el congreso aprobase un enorme presupuesto para la defensa contra el terrorismo, de 379,000 millones de dólares.

la caravana presidencial transitaba por una tranquila carretera flanqueada de árboles en la que un cartel pintoresco anunciaba: “welcome to pineland.” el presidente bush se topó enseguida con dos autobuses escolares incendiados y entró en una improvisada ciudad invadida por manifestantes amenazadores, que rodeaban un tanque destruido y se mofaban del presidente. trepado en lo alto de un gran bloque de cemento –marcado con un letrero que indicaba que era la embajada de estados unidos–, bush observó los acontecimientos protegido por un casquete de beisbolista, anteojos protectores y orejeras amortiguadoras. varios comandos descendieron por unas cuerdas desde un helicóptero, seis paracaidistas saltaron con precisión desde una altura de tres mil metros, llegaron varios rangers, algunos en moto y otros en vehículos “todo terreno”. desde un helicóptero era ametrallada una multitud que agitaba palos contra bush y gritaba “go home! go home!”

en torno, fuertes explosiones levantaban nubes de polvo. grupos de fuerzas especiales asaltaban, cuarto por cuarto, un edificio adyacente lanzando metralla y explosivos contra los revoltosos que allí se escondían. después de quince minutos el presidente bush avisó por radio al comandante que la batalla había terminado. el campo de Pineland estaba lleno de cuerpos y escombros. “fue emocionante –declaró Bush–; creo que están bien entrenados. me da gusto que estén de nuestro lado.”

más se habría emocionado el presidente si hubiese sospechado que un valeroso sheriff estaba vigilando el camino desde su patrulla. tampoco sospechó que el espectáculo que acababa de ver lo presentaba como el simulacro de un presidente actuando en un escenario donde se mezclan lo auténtico y lo imitado, lo real y lo imaginario. el presidente se ha convertido en la representación de ese sheriff que no puede distinguir entre el teatro y la vida, porque él mismo es actor en la comedia y gobernante trágicamente existente del sistema más poderoso de la tierra. nos guste o no, ahora debemos tomar estos poderosos simuladores, que forman parte de la miseria de nuestro mundo, como objetos de estudio un tanto cómicos, aunque están insertos en una red de imágenes trágicas.

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