miércoles, 12 de octubre de 2011

compulsión

de cuauhtémoc medina, espectralidad materialista: 

la muerte, viscosa y espectacular, que inunda calles y campos, es una figura del desempleo. la
única diferencia es que los despidos se efectúan con el gesto tajante de un machetazo.

a cien años de haberse impuesto el criterio del prohibicionismo americano bajo el pretexto puritano
de que las “drogas pueden destruir el alma”, lo que richard nixon bautizó como “la guerra contra
las drogas” ha demostrado ser la campaña más inútil de la historia. su saldo efectivo es haber hecho
crecer, en torno a la prohibición, un mercado cada vez más extendido, con “sustancias prohibidas”
cada vez más baratas, y, eso sí, una interminable montaña de muertos. ni siquiera es que la
violencia se concentre en el sur: algunos cálculos sitúan en cosa de 10.000 homicidios lo que el
crimen asociado al mercado ilegal produce en los estados unidos. que los principales focos de la
violencia del narco, estados unidos, colombia y méxico, aparezcan como los principales defensores
de la ortodoxia del prohibicionismo en los foros internacionales frente a los gobiernos occidentales
que se inclinan cada vez más por la herejía de ejercer una política de “manejo de daños” en lugar de la mera represión, es una de las mejores ilustraciones de cómo las ideologías se articulan en
torno a la compulsión a la repetición.

como ha señalado con toda precisión luis astorga, este perseverar en “continuar una política de fracasos con efectos multiplicadores e insistir en ella” expresa la tautología constitutiva de la guerra de las drogas: “el fin mismo de llamada guerra parece ser el mantenerla”. 

la “guerra contra las drogas” tanto como la “guerra contra el terror(ismo)”, la contención de los inmigrantes, el manejo de las pandemias, e incluso la batalla contra el calentamiento global, son modelos de la “guerra perpetua”. en lugar de una dinámica donde los estados situaban su fundación en una violencia originaria, transitamos hacia una administración que asegura la inmortalidad del capitalismo y la democracia con “guerras” sin tregua ni victoria.

el escándalo del cuerpo social, no debe permitirnos contemplar el caudal de violencia bajo la asepsia del distanciamiento. es más apropiado ahondar en el shock, mancharnos del dolor, aspirar sin saber cómo fundar una política del malestar, porque de otro modo corremos el riesgo de disponernos a la interpelación de un nuevo orden fundado en el miedo y la cruzada infinita.

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