domingo, 6 de noviembre de 2011

crítica a la pirámide

de mariana botey, necropolítica y estética radical en méxico:

la crítica de méxico comienza por la crítica de la pirámide.
 
en 1970, octavio paz publicó postdata. una colección de ensayos destinados a ser una reflexión sobre méxico —posterior a el laberinto de la soledad (1950)— que comenta el desarrollo político a partir de la masacre estudiantil de 1968 en tlatelolco. el ensayo final de este pequeño volumen, “crítica de la pirámide” guarda una analogía problemática con las lecturas de bataille sobre los aztecas. ambas interpretaciones coinciden al desarrollar una lectura alegórica y estratégica de la pirámide y la lógica “sacrificial” que permite iluminar la manifestación de la violencia política moderna. la discrepancia es interesante, en tanto marca una diferencia radical en su relación crítica al proyecto civilizador de la ilustración, y la viabilidad de la modernidad y la noción de progreso o desarrollo.

el ensayo de paz hace una contribución significativa al avanzar en una lectura que sitúa claramente el fenómeno como si estuviéramos confrontando una escena fantasmagórica: “es un méxico que, si sabemos nombrarlo y reconocerlo, un día acabaremos por transfigurar: cesará de ser ese fantasma que se desliza en la realidad y la convierte en pesadilla de sangre. doble realidad del 2 de octubre de 1968: ser un hecho histórico y ser una representación simbólica de nuestra historia subterránea o invisible”. ese fantasma que se desliza en la realidad, una representación simbólica de nuestra historia subterránea. paz subscribe la presencia fantasmal ausente de una estructura oculta, a la que nuevamente se le atribuye el nombre propio de los aztecas. 

la catexia de la figuración histórica cifra una excesiva determinación simbólica sobre la estructura política o la estructura de poder. la soberanía en el méxico moderno es autoritaria y violenta porque expresa un contenido reprimido: tiene un inconsciente que es otro y que proviene del otro. la operación oculta es la máquina de guerra sacrificial azteca: un modelo de soberanía que deviene en un movimiento desenfrenado que contamina la realidad. paz lo llamaba un “perpetuo presente en rotación”, dislocado por una memoria traumática constitutiva de un estado de excepción originario. más aún, describía una historia de usurpaciones —donde el “origen” está siempre plegado y es siempre doble— y, como se sabe, siempre en riesgo, pues es provisional.
 
sin embargo, mientras bataille conjura al fantasma y lo invita a acechar sobre una humanidad idealizada y a activar sus poderes destructivos (un eco misterioso de la invocación que hace walter benjamin a la imagen de blanqui, prisionero de la fortaleza de taureau: “que la humanidad será presa de una angustia mítica siempre y cuando la fantasmagoría ocupe un lugar en ella"), octavio paz estaba, claramente, a favor de practicar un exorcismo. 

destinado a ser una lectura crítica, el desplazamiento histórico que paz intenta en su argumento es problemático. de modo expreso, por el hecho de que transfiera la estructura de dominación violenta del presente al momento previo a la conquista y a la imposición de la dominación colonial, lo que abiertamente excluye la crítica de la modernidad, de la violencia del proceso colonial y de la lógica histórica destructiva implícita en la expansión del capitalismo. la fuente de la disfunción social que se expresaba de la modernidad en méxico, tenía así sus orígenes en una arcaica historia mítica: los españoles son una segunda usurpación de una primera usurpación, aquella de los aztecas sobre la gloriosa civilización de los teotihuacanos. todas las formas de poder en méxico —desde entonces hasta el régimen post revolucionario que perpetuó la masacre de tlatelolco— aparecían, por consiguiente, en rotación bajo este signo. 

ciertamente, paz reconoce la presencia de la cultura nativa como una otredad interna (fantasmal) que no puede extirparse sin recurrir a la mutilación. ciertamente, de modo poético, hace un avance al preguntar: “¿cuál es el original y cuál el fantasma?”. pero, en crítica de la pirámide repite el movimiento preciso de la “producción de conocimiento” que bataille había subrayado como precario e inestable en su anotación crítica a la dialéctica hegeliana.
 
el ensayo de paz es parte de su serie laberinto, un cuerpo de trabajo dedicado a producir una “fenomenología de la mexicanidad”. ese era un proyecto cuyo argumento central se ocupaba por proclamar una esencia que “habla lo universal”. paz era víctima de la solución icariana (un movimiento trascendental hacia arriba) que bataille había denunciado como una salida falsa del laberinto. ese era el movimiento antitético al materialismo bajo al que había apelado durante los debates surrealistas. por consiguiente, la crítica debía avanzar por otra ruta, explícitamente por el peligroso camino de ocuparse de una lectura de la necropolítica de méxico como parte de la lectura de la modernidad poscolonial.

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