lunes, 5 de diciembre de 2011

el corazón de las tinieblas, roger bartra en 1998

de roger bartra, violencia y melancolía en el méxico finisecular :

méxico está viviendo una profunda inquietud finisecular, un malestar que me parece pertinente definir como un intento por escapar de su encierro en la jaula de la melancolía. la guerra de chiapas y sus dramáticas secuelas han sacudido la jaula mexicana con una intensidad que no habíamos visto en el último cuarto de siglo. hay muchas cosas sorprendentes en estos acontecimientos; pero quisiera detenerme en un aspecto que me parece revelador: ¿por qué tan sólo diez días de guerra cambiaron tan radicalmente los ritmos de la cultura política mexicana? ¿qué fuerza poderosa logró que el gobierno se abriese a una transición democrática? ¿qué logró convencer y cautivar a gran parte de la intelectualidad y de la sociedad civil? ¿qué llenó de humores negros y de tensiones a la sociedad mexicana?

[...]

méxico se acerca al final del siglo con un agudo malestar moral de los estratos más profundos de la cultura mexicana. quiero decir que méxico se encuentra, junto con algunos países del llamado tercer mundo, ante un complejo y dramático problema de civilización, y no sólo ante un problema de desarrollo. la melancolía mexicana, además de ser un problema político, es también y sobre todo la manifestación de una aguda crisis cultural. la dolencia afecta más al corazón de las tinieblas que a la máquina cerebral, de manera que joseph conrad nos ilumina más que keynes o marx en esta coyuntura. el corazón de las tinieblas es una excelente metáfora para señalar ese nudo interior que en las sociedades latinoamericanas ata la soledad salvaje originaria con la ansiedad ocasionada por los males de la civilización y la modernidad. 

el corazón de las tinieblas explorado por conrad es un símbolo de todos esos ingredientes no racionales que se arremolinan en torno de la constitución cultural de la civilización occidental. yo uso la metáfora para referirme a ese conjunto de redes mediadoras imaginarias que aseguran la cohesión y la identidad de un sistema social; este nudo de redes está sufriendo de un malestar profundo. esta situación crítica se ha visto exacerbada por la gran transición mundial –iniciada a finales de 1989– que está poniendo fin a la guerra fría y a la bipolaridad para conducirnos a un incierto y opaco siglo XXI.

estas consideraciones arrojan luz sobre la sorprendente respuesta de la sociedad y del gobierno mexicanos ante los acontecimientos de chiapas. la sublevación ocurre en 1994, en el corazón mismo de la melancólica selva lacandona y sus protagonistas son campesinos indígenas poseídos de un tenaz rencor por los agravios seculares que han sufrido. durante la madrugada del 1° de enero varios miles de campesinos indígenas, agrupados en el ejército zapatista de liberación nacional (ezln), toman san cristóbal, las margaritas, altamirano y ocosingo. 

turistas, periodistas y transeúntes hablan con los alzados. les toman fotos. el ejército no aparece en san cristóbal. los enfrentamientos son poco cruentos: en san cristóbal se reporta sólo un herido; en ocosingo, varios policías muertos y heridos. los sublevados de chiapas, ante el estupor de todos, se proponen avanzar hacia la ciudad de méxico para deponer al presidente de la república. la sociedad mexicana sufre un súbito ataque al corazón de su oscuridad. por ello, los indígenas sublevados se ganan rápidamente la simpatía de la intelectualidad independiente así como de grandes porciones de la opinión pública nacional e internacional. 

"somos producto de 500 años de luchas" –dicen en su declaración de la selva lacandona–. "hoy decimos ¡basta!" se acogen al artículo 39 de la constitución que garantiza el derecho del pueblo a alterar o modificar la forma de su gobierno. con base en ello emiten una "declaración de guerra" al ejército mexicano y piden a los otros poderes de la nación que restauren la legalidad y la estabilidad "deponiendo al dictador". piden a los organismos internacionales y a la cruz roja que vigilen los combates. se manifiestan sujetos a las "leyes sobre la guerra de la convención de ginebra" y, en consecuencia, declaran ser una "fuerza beligerante".

desde san cristóbal el subcomandante marcos declara que el levantamiento es una respuesta a la entrada en vigor del tratado de libre comercio, que representa un "acta de defunción de las etnias indígenas de méxico". y advierte: "éste no es un ejército guerrillero clásico que roba, secuestra o da golpes espectaculares", "no es el golpe clásico de la guerrilla que pega y huye, sino que pega y avanza".

el gobierno, por su parte, balbucea y tartamudea. acude a la explicación tradicional: "la región padece un grave rezago histórico que no se ha podido cancelar totalmente". adopta una actitud de "prudencia". el 2 de enero, sorpresivamente, los rebeldes se retiran de san cristóbal, pero atacan el cuartel militar adyacente. ese mismo día, los obispos chiapanecos advierten que se trata de un fenómeno "inédito", y que es necesaria la negociación. durante los días siguientes el ejército responde, se entablan combates y hay bombardeos en las cercanías de san cristóbal. los intelectuales independientes, el obispo de san cristóbal, la oposición de izquierda y diversas organizaciones no gubernamentales piden amnistía y cese al fuego.

después de diez días de guerra, el gobierno acepta estas ideas: se da cuenta de que, en rigor, se trata de una situación inédita, y que el movimiento, en lugar de retroceder, avanza. después de explorar una respuesta represiva tradicional, el gobierno da un súbito viraje, decreta el cese al fuego y abre la puerta a las negociaciones. en ese momento, los médicos del sistema no comprenden la naturaleza del malestar ni se percatan a tiempo de este viraje. atacan la enfermedad con remedios poco conciliadores. 

octavio paz denuncia la presencia de grupos infiltrados y afirma contundentemente que "la sublevación es irreal y está condenada a fracasar" y que el desenlace militar será rápido, pues el ejército ha de restablecer con prontitud el orden en chiapas. "el movimiento –dijo paz– carece de fundamentos ideológicos y, en materia militar, de pensamiento estratégico." y agrega: "también es notable el arcaísmo de su ideología. son ideas simplistas de gente que vive en una época distinta a la nuestra".

es evidente el desprecio hacia las voces melancólicas que surgen del fondo de la selva primigenia; los indios deben servir para derramar tinta sobre la identidad del mexicano, pero también son seres arcaicos y peligrosos que pueden provocar un derramamiento de sangre. poco después, otro médico moderno, funcionario "experto" en problemas agrarios e indígenas, expone los fundamentos ideológicos para una acción represiva: "no es un movimiento indígena –concluye arturo warman–, es un proyecto político-militar implantado entre los indios pero sin representarlos".

en este mismo tenor, se llega a afirmar que los problemas de chiapas son una extensión y penetración de los conflictos centroamericanos en un méxico moderno y norteamericano. pero la sociedad civil mexicana, apoyada en gran medida por la opinión pública internacional, toma otro rumbo y obliga al gobierno a emprender un proceso de transición democrática. así, el secretario de gobernación es despedido, se decreta un alto al fuego, se propone la amnistía y se nombra un comisionado para la paz. 

por su parte, el ezln da a conocer las condiciones para iniciar el diálogo. este comisionado para la paz inicia las tareas de pacificación declarando que se busca la tregua y no el exterminio. una parte significativa de la sociedad mexicana duda que el nacionalismo revolucionario –la ideología oficial hegemónica durante decenios– sea todavía una de las bases del sistema mexicano. el problema estriba no solamente en que se resquebrajan los soportes ideológicos del partido oficial; ello, lejos de ser dañino, facilita la transición democrática. otro problema mucho más espinoso estriba en la ruptura de las cadenas que ataban la existencia misma del estado mexicano a la cultura política nacionalista que ahora está en crisis. si, de alguna forma, una gran parte de la población llegó a estar convencida de que su mexicanidad se comprobaba y se correspondía con las peculiaridades del sistema de gobierno, entonces no debemos extrañarnos de que la crisis política signifique para muchos mexicanos que la realidad nacional está derrumbándose.
 

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